Maia Alperovich

Maia Alperovich

Profesora a cargo de la clase de Ashtanga yoga

A veces freno en la vorágine de la vida diaria y me pongo a pensar en qué momento el Yoga definió tanto mi vida, mis vínculos, mi alimentación, mis rutinas, mis elecciones y tantas otras cosas que hoy celebro.
 
Quizás comenzó a teñir mi vida mi primera clase de yoga, dentro de un pequeño gimnasio de barrio, entre gritos energéticos y ruidos de máquinas.
Quizás fue alguna clase con Adriana, mi primera maestra de Yoga, en su casa con olor a sahumerio y dulce, compartiendo el espacio con mi mamá. O por ahí fue en alguna clase en mi casa de la infancia, extendiendo mats al lado de mamá y mi hermana.
Tal vez me enamoró la práctica de Ashtanga ya mis 17 años en un espacio que fue semilla. O cuando me crucé con Anne, mí maestra, luego con Ceci y también con Mari. 
 
Siempre que viajo a esos recuerdos termino abrazando unos más privados, mas tácitos. Y veo a mis abuelas, a ambas, estirándose en sus cocinas entre tarea y tarea. A la Olga llevando su pierna estirada hacia su cara mientras ríe y alardea su elongación. Y la Alicia, sobre sus colchonetas, estirándose sobre una gran pelota inflada, contando sobre sus clases de Yoga. Y yo, diminuta, lo veía como un juego, “algo que hacen las abuelas”.
 
Con mi práctica y los años entendí que todo a mi alrededor era Yoga, todo era unión: desde todxs lxs miembrxs de mí familia, embebidxs en esta práctica, hasta mis vínculos sanos, el amor propio, mis ideales de un mundo mejor, más amoroso.
Incluso mis estudios, mi profesión diaria del ser docente y querer cambiarlo todo…
Pero sobre todo, el ser aprendiz todos los días, en cada momento, en todo espacio. La humildad y la paciencia que me da la práctica diaria me llevan al aquí y ahora, a este presente de inabarcable crecimiento y amor por lo que hago, por quienes me rodean y hacia quienes me acerco. Y también aquí nacen las ganas y la necesidad de compartir lo que fui aprendiendo, de alentar a que el ciclo yóguico se extienda, brote, contagie y florezca sin límites.